martes, 4 de julio de 2017

MUTANTE

Cada vez estoy más convencida: Soy mutante o una mutante, no estoy segura de cuál es la forma correcta de expresarlo, pero no importa. No importa porque lo importante es que lo soy; una mutante, digo. Pero no una mutante guay; ni guay ni verde (aunque algunas veces mi piel adquiera esa tonalidad). Tampoco vivo en las alcantarillas, ni una rata humanoide se ha convertido en mi maestra de lucha. Aunque a veces, todo hay que decirlo, me apetecería ponerme en plan ninja, y ninja LETAL. Ya veis, con mayúsculas y todo...

Cuando me para una señora en plan: ¿Esos 4 son tuyos? (refiriéndose a los niños).¡Ay... mujer!.
Ya ni siquiera intento sonreír ante este tipo de comentarios, aunque es verdad que a veces puede que se me escape una sonrisita porque mientras ella habla mi cabeza está en otro lado, en otra realidad, donde la escena es la siguiente:
-Primero ¿Esos 4 qué: niños, tomates, coches?. A mis hijos va a referirse de otra manera, o mejor no se va a referir a ellos para nada. Y... ¡Ay mujer!, ¿Qué?
Veloz como un rayo le pillo con los dedos esos dos puntos en el cuello (no se exactamente dónde están, pero ya sabéis, como se ve en las películas) y la dejo tirada en la acera.
-Ala señora, ¡A dormir un poquito!.

Cuando con los mellizos en la silla, mientras espero a Blanca y David, una madre del colegio me mira la barriga: ¿Pero tú aún no diste a luz?.
Y yo... giro supersónico en plan Matrix y ale, patada en la boca.
Y tú... ¿Aún no has aprendido a respirar?. Estás un pelín morada. A ver... te quito la garra de la traquea. Repite conmigo:
"Voy a dejar de hacer preguntas imbéciles". "Voy a dejar de hacer preguntas imbéciles".

Cuando de repente un desconocido cualquiera, cualquiera y suicida, porque está claro que no le tiene mucho aprecio a su vida, me pregunta que cómo no dejamos a los perros ahora que tenemos tantos hijos.
Y Yo... Al que te voy a dejar es a ti, pero seco, gili...s...

Ay... Esto de ser mutante es difícil. Es duro.
Puede parecer que no, pero eso es sólo producto de la imaginación, de la mía; de esa maravillosa compañera (somos amigas íntimas desde mi más tierna infancia) que me ayuda a caminar y a sonreír mientras voy por la calle imaginando que atropello un pie a alguno con el carrito gemelar.
La imaginación es una vía de escape. Ayuda a mis neuronas a escapar de esa pinza que debería sujetar su racional actividad. Y aunque os pueda parecer que estoy un poquito agresiva, os diré en primer lugar, que estoy totalmente alborotada hormonalmente, y que transito a cada segundo entre la violencia y la tristeza; la inseguridad y el positivismo más allá de ese tal Mr. Wonderful.

Y es que ser mutante consiste en eso. En mutar. En mutar y en vivir, convivir y lucir tu mutación.
Y eso a veces es difícil. Es duro.

No vivo en una gran mansión estilo ingles con un montón de mutantes bajo la batuta de un profesor telépata con un súper cerebro, ni tengo que salvar al mundo (Me llega con que nos salvemos a nosotros mismos). En realidad, vivo en Pontevedra en un piso de tres habitaciones y media con Miguel, Blanca, David, Alejandro, Daniel, Trufo y Canela.
Vivo, y sobrevivo, a la locura que es cada día. A esa felicidad que da paso al enfado más borrascoso del mundo. Al rosa que torna en negro.
Vivo y sobrevivo a las peleas por un juguete; a las protestas por meterse en la bañera, a los ladridos de Canela y los sofás envejecidos por las patas del Trufo; a las noches sin dormir y a acordarme siempre de comprar pañales.
Vivo y sobrevivo a la mutación.
 Por estas fechas hace un año "estrenaba" cuerpo y bañadores premamá.
Ahora, un año después, estreno mi primer verano cuatri-mamá y un nuevo cuerpo. Uno que no reconozco, donde el ombligo ha desaparecido y algo llamado diástasis postparto se ha tragado mi abdomen.

Intento aprender a aceptar mi mutación; mis mutaciones. Aprender a aceptar que he cambiado; a aceptarme.
A no sucumbir ante los vestidos que no cierran o a los bañadores que aprietan. Intento no sucumbir a la crueldad de Facebook y sus "recuerdos", que me obliga a enfrentarme día sí y día también a la realidad de mi mutación. Me dice que hace dos años publicaba en mi pequeño blog y escribía (al menos un poco antes de caer rendida). Ahora mi bolígrafo y mi libreta se encuentran sólo de casualidad en el pasillo cuando los voy cambiando de una habitación a otra.

Miro a las cuatro vidas que me han dejado la barriga como un globo medio desinflado y pienso que vale la pena; estoy segura de que la vale, pero también es duro. Es duro, vuelvo a decirlo.
Tengo que conocerme de nuevo. Conocerme y aprender a reírme de todo esto, de las 24 horas del día que encogen como un jersey lavado en agua muy caliente; de todas las mierdas que  a veces nos comemos y acaban taponándonos las arterias.
Pienso que soy afortunada. Lo soy. Pero hay días grises, casi negros, donde el horizonte se llena de niebla y no soy capaz de distinguir bien lo que me rodea, ni de relativizar mi barriga, mi libreta en blanco, ni mi ropa sin usar en el armario. Y eso es lo que quiero cambiar; cambiar para disfrutar a tope de mis poderes de mutante:
-Soy capaz de manejar el carrito doble en los lugares más insospechados. También puedo llevarlo con una mano y a un niño en la otra ( existe también la variable dos perritos en la otra).
-Puedo intuir  a la legua quién va a soltarme una buena y esquivarlo (o no, depende de la necesidad de desahogo que tenga yo).
-El oído se me ha afinado hasta el infinito: distingo quién llora y por qué, desde el otro extremo de la casa; reconozco los silencios que implican peligro...
-Soy capaz de permanecer despierta infinitas horas.
-He perdido mucha vergüenza: las pintas para bajar a los perros han empeorado de forma  proporcional a mi número de hijos, por ejemplo.
-Disfruto más de las cosas buenas: de un paseo tranquilo; de los colores; de la música. (Esos momentos en que voy de un sitio a otro con Xoel López o Vetusta Morla orquestando mis pensamientos); de un abrazo; de los pies sobre la mesa; de escribir unas cuantas líneas en mi libreta; de Netflix a las cuatro de la mañana; de las manitas gordas llenas de papilla que me tocan la cara; de un dibujo que me hacen y ponemos en la nevera; de leer "A toupiña que quería saber quen lle fixera aquilo na cabeza"; de Canela ladrando a una gaviota mientras Trufo pierde la segunda pelota de la mañana...

Con la mutación lo malo y lo bueno se han intensificado.
Estoy sentada en el vagón de una montaña rusa y el cinturón me aprieta.
Este verano mi operación bikini es una operación aceptación de la mutación.
Cambian mi mente, mi alma; mi cuerpo. Cambian mi entorno, mis sentidos, mis arrugas; mi mirada.
Cambio yo.
Muto.
Soy mutante,  "... mi cabeza gira locamente en sentido inverso al que lleva la órbita terrestre..."
Tengo que aceptarlo.

6 comentarios:

  1. Lo que no cambia es tu talento para escribir. Bienvenida a este extraño planeta, Eva.

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    1. ¡Gracias Carmen!. Mi vuelta tendrá que ser poquito a poco, robando minutos a escondidas, pero estoy decida a colarme de nuevo en este extraño planeta!. Besos!

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  2. ¡¡¡Hola!!! Estoy con Carmen, tu talento no ha mutado.
    Ayyyy los comentarios. Yo lo he vivido un poco alrevés. Hace bastantes años tuve un problema de vesícula que no era grave pero no me daban con la solución, y con mi metro setenta me quedé en 47 Kg. Yo ya era consciente de mi delgadez, de estar demacrada y mi preocupación era saber lo que tenía. Pues muchos días, pero muchos, las señoras, viéndome con los niños, que eran pequeños, me soltaban ese ay como si estuviera moribunda y me decían que estaba seca, que abultaban más mis hijos que yo, que cualquier día iba a desaparecer...menos mal que yo soy tranquila, pero cuando iba con mi madre ella se preocupaba porque no sabíamos exactamente qué tenía.

    Y lo de abandonar a los animales ni comento, ya sabes que yo tengo unos cuantos y vamos...eso jamás.
    Besos y a disfrutar esa felicidad, los demás que se metan en sus cosas.

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    1. ¡Muchísimas gracias!. Estoy totalmente contigo, aunque a veces cuesta un poquito, hay que centrarse en disfrutar de lo que tenemos y aprender a ignorar los comentarios. ¡Muchos besos!

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  3. Toma, toma y toma, mi Eva, a la mierda con lo que piensen los demás, interpreta la vida, serás la protagonista más feliz y más loca... qué maravilla leerte de nuevo, pues chica MUTAA por dios, qué privilegio y que nosotros lo veamos, perdón lo leamos (es casi lo mismo) estos escritos mutantes apúntalos en primicia para hacer una serie. Primero FELICIDADES por esa familia 6 en 3 por 2 guaus. Es un regalo que te hace ser tu misma, autodescubrirte, lo demás, es apariencia superficial. Yo con mis cincuenta y cuatro casi, estoy mutando también, no sabes cuanto, pero aquí estoy interpretando a otras (locas, putas) reescribiendo el ente que soy, amando y sintiendo la vida que me rodea, qué maravilla esa nariz de papilla, o de chocolate, vístete extrafalaria, ¿qué? ¿extravagante? si extra, soy extra dilo a los cuatro vientos, extraterrestre, extrapontevedra, extramutante,...Me encanta tu vuelta Eva te dejo la que ahora soy y siento para que te rías un rato http://viajeyfotos.blogspot.com.es/2017/07/amargura.html Un abrazo grande (ah y avísame cuando mutes otra vez por aquí con tus letras) es para apuntarme y atropellar juntas con el carrito de la compra a alguien jaja. Mas abrazos.

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  4. Muchas gracias! Veo que no soy la única que muta. Todo muta, incluso el sabor, las papilas gustativas, las apetencias... Creo que hasta mutan el tiempo y el espacio. Lo que es seguro es que detrás de cada mutación se esconde un motivo. Y dime, ¿Has conseguido llegar a un acuerdo con tus papilas? 😊
    Me han encantado tus palabras. Han sido un chute de energía. Un placer leerte de nuevo. ¡Qué bueno volver y qué buenos los reencuentros! Metemos!. Un beso enorme!

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