miércoles, 9 de agosto de 2017

David

Es pensar en él e invitar a la sonrisa a que visite mis labios, incluso aunque los pensamientos me recuerden las cosas de él que más me enfadan:
Se quita las gafas y jamás recuerda donde las deja (pueden aparecer en el baño; debajo del sofá; o por puro milagro en la mesilla azul junto a su cama).
Come fatal; casi no le gusta nada (podría alimentarse a base de huevito con patatas, crema de calabaza o sopa del abuelo, como él la llama).
Es muy, muy... infinitamente desordenado: coches, muñequitos, papeles arrugados... es lo que tienes que sortear para entrar en su habitación...
A su cabeza parece que siempre acuden ideas, digamos que no demasiado buenas: subirse al mueble del televisor; colgarse entre el sofá y la ventana; saltar desde la cama a su mesa, o colarse a la terraza del vecino por el agujero del desagüe (esos vecinos jamás nos olvidarán...). Hace una semana, mientras tomábamos algo en una cafetería, él aprovechó para meterse en una fuente que había al lado... Eso tampoco lo olvidarán jamás todos los que estaban por allí.
Pero a pesar de todo es imposible enfadarse con él más de un minuto. Y es verdad, lo he comprobado. A veces, cuando la travesura es muy grande, intento enfadarme mucho rato pero aunque me obligo y me obligo el enfado se evapora, desparece como el dolor de cabeza en los anuncios de analgésicos.
David conquista. Nos conquista a nosotros; conquista a todo el mundo.
Cuando lo llevo al colegio es increíble con la cantidad de personas que nos tenemos que parar por la calle porque él saluda a todo el mundo. Reparte sonrisas, abrazos, felicidad contagiosa. Y esas personas al día siguiente lo saludan a él y así se forma un bucle sinfín.  Y aunque tardamos mil años en llegar, es maravilloso.
A veces ( muchas) me ha pasado que estando un sitio; en la calle, un comercio, el supermercado, el centro de salud... me preguntan: ¿Tú eres la mamá de David? y yo me quedo alucinada pensando en quiénes son esas personas.
No hay nadie en las tiendas de la zona que no lo conozca. En el cole, lo conocen hasta los profesores de los cursos más altos... No deja de asombrarme la capacidad que tiene para relacionarse, sobre todo porque yo he carecido siempre de ella.

Trufo y él son íntimos amigos. Una de mis escenas preferidas es: David viendo los dibujos mientras su mano descansa sobre el lomo de Trufo que está acostado junto a su pierna. A Trufo se le empiezan a notar ya bastante sus 12 añitos. David ya se la ha hecho más de una revisión con su maletín de doctor para comprobar que está perfectamente.  Con Canela también se lleva bien, pero tienen sus más y sus menos porque ella le roba demasiadas veces la merienda. Me advierte repetidamente que debemos llamar a la policía.

El tiempo pasa y cumple 4 años. ¡¿Ya?!. Me encantaría poder detenerlo, quedármelo, pero se que debe seguir su camino en el reloj; en el calendario para continuar asombrándonos, estoy segura de que cada vez más.

Escribo, estoy un poco nostálgica. Estos pensamientos a veces son como el otoño y me parece que tengo frío, pero oigo su voz llamándome desde su habitación. Se ha destapado y está lloroso porque cree que se le ha perdido la locomotora que ayer le reglaron los abuelos (se empeñó en dormir con ella). Levanto la almohada y la encuentro. Se la pongo en la mano y le tapo. Me pide la uña y le acerco mi mano. Acaricia mi dedo gordo de la mano derecha unos instantes y se tranquiliza; algo que hace desde que era un bebé.
Me vuelvo aquí. Su voz ahuyenta el frío, y su mano en la mía, y su lengua, todavía de trapo: Mamá, "¿Quiénes eran los caverconilocas?", "¿Quién ha fuido?"," Yo también quiero un lobo con una cuerda, azul", ¿Vamos a ver la película de los ninons amarillos?"

He tenido que parar de nuevo, esta vez para darle un biberón a Daniel, y David ya se ha levantado.
Está en el sofá con Trufo a un lado y un camión "barrendero"( de esos que limpian las calles) que también ayer le han regalado los abuelos, al otro.  Lo quería desde hace dos meses y está feliz.

Mami, ¿Te sientas a mi lado?
Feliz cumpleaños David. Estoy deseando que me sigas asombrando.

4 comentarios:

  1. Ayyyyyyyyyyyyyyyyy me has puesto muy muy nostálgica. MI hijo era así, dejaba las gafas en cualquier sitio, solo quería comer sopa y tortilla(vamos que también es huevito con patatas) y cuando íbamos al cole iba saludando y hablando con la gente.
    Y ahora se ha ido con una beca a Italia, esta vez solo mes y medio, y aunque hablamos por whatsapp a todas horas y nos mandamos vídeos, fotos y mensajes de voz me falta mi niño.
    Besos y felicidades David.

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    1. Aunque con retraso... ¡Muchas gracias!
      ¡Pues qué parecidos!
      Ayer mismo estuvimos dos horas para encontrar las gafas, que finalmente estaban en un rinconcito entre la cortina y la pata de una mesa... Ayyy. Me cuesta imaginarlo de mayor... Me pongo nostálgica yo por un tiempo que todavía no ha llegado :) . Muchos besos.

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  2. Que bonitos recuerdos de los hijos. Mis hijos eran así sobre todo el pequeño cuantas anécdotas se tienen en el recuerdo y nunca nos las olvidaremos.Ahora son mayores y estoy deseado que tengan hijos para disfrutar de las travesuras de los nietos. Me ha encantado leer estas travesuras de tu niño. Un abrazo

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    1. Estoy segura de que quedarán miles de recuerdos inolvidables, casi sin darnos cuenta de que el tiempo va pasando.
      Decirte que mis padres, concretamente con David y sus travesuras se lo pasan como niños, igual que él.
      Un abrazo fuerte.

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